
Si la economía de México fue la que más decreció en el 2009, es lógico suponer que nos depara un futuro incierto el año próximo. No es difícil dar un veredicto de por qué curiosamente es la mexicana la economía que más cayó de America Latina. Se trata de estrategia, es decir, saber implementar políticas económicas efectivas que beneficien a la mayoría anteponiendo el interés nacional.
Parece ser que nuestros amigos del resto del continente supieron encargar tan difícil tarea a gente preparada y con un poco de ética. En México, en cambio, un gobernante carente de legitimidad (además de otras cualidades), me refiero a Felipe Calderón, designa a un Psicópata para hacerse cargo del futuro económico del país. Ernesto Cordero, que dijo simple y llanamente como secretario de desarrollo social que aumento en más de seis millones la cifra de pobres en el país sin sentir ninguna vergüenza, será el secretario de economía.
Amigo de Felipe Calderón desde que cursaron la maestría en economía en un instituto derechista, antipopular y mediocre, recibe ahora su pago por ser fiel compañero. Así, la economía mexicana no tiene ninguna oportunidad de beneficiar a los sectores más vulnerables. Por el contrario, sólo sigue la tendencia de abrir más la brecha entre pobres y ricos.
Si hablamos de política monetaria la cosa es aun peor. Designado como gobernador del Banco de México quien hizo de un catarrito una pulmonía, Agustín Carstens servirá más al panísmo que al peso mexicano.
Si las palabras anteriores suenan duras, piénsese en las excusas que darán estos dos señores en sus nuevos cargos cuando el peso se devalúe aun mas, cuando el desempleo crezca, cuando la pobreza se incremente, etc. y se verá que son palabras muy suaves en relación a lo que merecerán por sus pésimos resultados.
La economía es una ciencia con muchas de sus leyes perfectamente definidas. Así, no es cuestión de suerte que los resultados sean positivos o negativos: si se aumentan impuestos en época de crisis disminuye el poder adquisitivo del salario desincentivando con ello el consumo, con la consecuente desaceleración de la dinámica económica; si no se fomenta el empleo y hay desempleo, por la ley de la oferta y la demanda del mercado laboral, se abarata aun mas el sueldo y se eleva la pobreza, etc.
Por ello es que el pronóstico para el año entrante no es optimista. No sólo por la incompetencia de los encargados de tomar las decisiones, sino también por las limitaciones que tienen para actuar por el simple hecho de que sirven a los intereses de quienes los pusieron ahí.


