
La secretaria de energia, Goergina Kessel, ha dicho recientemente que es posible que el petróleo en nuestro país se acabe en unos 60 años. Lo anterior constituye uno de los argumentos más recurrentes cuando se intenta, desde el Estado, justificar cualquier tipo de modificaciones, convenientes ó no, en materia energética y más especificamente en cuestiones de hidrocarburos.
¡Vaya, tremendo error! Para mala suerte de todos los que habitamos el planeta, es un hecho que primero nos extinguiremos nosotros y luego tal vez el petroleo se acabe. Es decir, las reservas mundiales en realidad no las podemos ni imaginar. Lo que sucede es que los costos de extraccion serán tremendamente elevados que se llegará al momento en que la producción sea inviable.
Con el stock de capital y recursos humanos actuales, eventualmente el precio del petróleo será inferior a los costos marginales, provocando que tal vez, con un poco de buena suerte, no existan incentivos de carácter económico para seguir explotando ese recurso. Sin embargo, el camino al otro lado esta lleno de obstáculos.
Primero que nada, no todos los paises productores de petroleo tienen los mismos costos de operación ni la misma tecnología necesarios para laborar. Así, por ejemplo, mientras que para los paises árabes, que cuentan con las mayores reservas mundiales y la mejor calidad en el producto, el costo de extracción por cada barril es de apróximadamente un dolar, para otros paises como México, el costo asciende a 20 dolares por barril. Lo anterior parece no tener significado aún, pero un sencillo ejemplo lo ilustrará mejor al mismo tiempo que provée de un poderoso argumento contra la idea de la participacion privada en este mercado tan peculiar.
En los paises, como argentina, en los que hay participación directa del capital privado en el sector petrolero, se da un hecho que no sorprende a nadie: los industriales manipulan las cifras para que puedan vender más petróleo del que tienen permitido, pues es obvio que lo que buscan, como todo inversionista, es maximizar sus beneficios sin importar lo demás. Esto le quita mercado a los productores más grandes, osea, a los paises árabes, quienes simplemente se limitan a "habrir la llave" y colocar en el mercado cantidades enormes de éste hidrocarburo con el consecuente abaratamiento del mismo.
Lo anterior repercute negativamente en todos los paises cuyos costos de producción son elevados (como México y otros), y los árabes pueden ver de nuevo sus ganancias incrementadas por la situacion privilegiada que les da el costo de operación más bajo del mercado. Pero, incluso para ellos podría llegar el momento en que los costos totales excedan a los beneficios totales.
De cualqueir manera, a la humanidad en su conjunto le va mal. Por un lado se ignoran de manera deliberada todas la externalidades generadas con la producción, uso y consumo de este recurso natural, que resultan en una reducción de lo que los economístas llaman el "bienestar social", y por otro, con la existencia casi inagotable de los yacimientos, sólo se le da más poder económico a los que quieren "cambiar todo para que todo siga igual" mientras ellos heredan el problema a las futuras generaciones. Es hora, pues, de no depender tanto del petróleo.